La gastronomía y el diseño van de la mano.

¿Cuáles son los vínculos entre la gastronomía y el diseño? ¿Cómo se relacionan estas dos materias creativas?

El interiorismo y la gastronomía son disciplinas que se construyen con materiales muy diferentes, pero que se conectan cuando comparten el mismo espacio. Están indiscutiblemente relacionadas a la hora de dotar con un carácter concreto a un restaurante que necesita ser compatible con su cocina. La comida que se sirve y el diseño del establecimiento se retroalimentan y evolucionan conjuntamente, puesto que ambas requieren un mínimo de creatividad para salirse de lo común y sorprender a los comensales con un ambiente único. Según el chef Juan Antonio Medina “sin producto, no hay cocina; sin tradición, no hay vanguardia”.

¿Y si los diseñadores de interiores y los chefs trabajaran conjuntamente en el proceso creativo? Al juntar ambas visiones se consigue diseñar espacios donde comer no solo se presenta como una experiencia para el paladar, si no como un cúmulo de sensaciones que complementan todo el proceso. Visitar un local que ha sido previamente pensado para acompañar un estilo específico de cocina se puede convertir en una experiencia gastronómica memorable.

Todo gira en torno a los ojos de los comensales, para que un restaurante funcione no es suficiente con un buen diseño de interiores, se necesita entender el negocio, el tipo de cocina y el target al que va dirigido. También es vital encontrar el equilibrio entre la funcionalidad y la estética, así como cuidar la intimidad del espacio. La comodidad que los invitados sientan depende de varios factores como la acústica, la iluminación, la climatización, el mobiliario y la decoración elegidas. Dependiendo de cómo se juegue con todos estos elementos, el espacio puede convertirse en cualquier cosa, desde un ambiente cálido y familiar que te haga sentir como en el salón de tu casa hasta la posibilidad de transportarte rápidamente a otras culturas.

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